Evaluación y Acreditacion. 3 de 4
3 de 4
Fundamento de la acreditación
En el entendimiento de la educación como una responsabilidad de carácter universal que puede ser asumida localmente, en su nivel terciario los roles que corresponden al Estado o a los niveles centrales debieran reducirse al apoyo a instituciones que sean de su directo interés, a la acción subsidiaria en las situaciones en que los particulares no intervienen, al apoyo a aquellas funciones institucionales que representan auténticos beneficios sociales( tal es el caso de la educación intercultural), al financiamiento de ayudas a los buenos estudiantes que lo requieran por sus condiciones económico-sociales y a la cautela del cumplimiento de la calidad académica con que las entidades ejecutan su tarea cultural.
En el cumplimiento de estas tareas han de integrarse los esfuerzos estatales y privados como real asunto de carácter público y cabe entonces el balance social que garantiza a través de una adecuada certificación y validación, la creencia de la sociedad en que se tienen las necesarias calificaciones cuantitativas y cualitativas en torno al manejo del saber que le permiten un eficaz y efectivo cumplimiento de la responsabilidad asumida.
La universidad tiene calidad cuando hace efectivo su concepto, es decir, en tanto cumpla con su misión alcance su visión y logre sus objetivos. Lo anterior implica un proceso de verificación que permita identificar como la institución se aproxima al ideal que le corresponde de acuerdo a las exigencias propias de cada una de sus funciones.
La acreditación acerca la recuperación de la confianza social, puesto que mide y evalúa comportamientos y conductas desde el valor y la jerarquía del saber y del conocimiento. El reconocimiento de los grados de sabiduría que se manejan realizado por los que saben, afirma y consolida la autonomía institucional puesto que de ser una gracia concedida por el Estado o por sus organismos, se convierte en un bien ganado por el propio esfuerzo intelectual. Con esto las instituciones se hacen más libres y pueden entonces reforzar sus propias modalidades de autoevaluación trabajando complementariamente con organismos reguladores externos, siempre en el afán constante de hacer mejor lo que ya se hace bien o al menos se cree que se hace bien.
Desde el enfoque del conjunto de instituciones de educación superior y de su relación con la nación, el desarrollo tenido durante las dos décadas recién pasadas posibilita la existencia de mecanismos reguladores que apoyen la credibilidad pública de la educación superior como elemento relevante del desarrollo nacional, marcados eso sí por un profundo respeto a la libertad de aprendizaje o enseñanza en el esquema tradicional y a la autonomía institucional. Desde el enfoque institucional, la acreditación consolida la independencia de cada entidad y permite un mejor autogobierno con la consecuente mayor autoregulación de cada corporación, estableciendo los ámbitos naturales de ejercicio de las libertades institucionales con claras delimitaciones generadas en modos de convivencia establecidos con base en acuerdos comunes en que se cuidan su libertad y su autonomía. Este aspecto es significativo por la gran heterogeneidad que presenta nuestro sistema, en el que coexisten programas de docencia e investigación de alta calidad académica junto con problemas economicos muy fuertes, diferencias que se presentan entre las instituciones de Sinaloa y en muchos otros estados por no decir todos. Asimismo, se tiene una mayor diversificación con las decisiones agregadas de las instituciones evitándose la compulsiva aplicación de modelos centralistas y el control de las burocracias, cualesquiera que éstas sean
Acertijo