Evaluación y Acreditación. 2 de 4
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Las Características Básicas
En el nivel de la educación superior el énfasis de la definición de la acreditación está colocado, además de su caracterización principal como un proceso, en dos diferentes elementos no excluyentes entre ellos: uno acentúa el autoanálisis y la autoevaluación por parte de la propia institución y el otro enfatiza el reconocimiento entregado por un organismo acreditador. Ambos son parte sustantiva de su buen entendimiento ya que la evaluación de la institución o de sus programas a través del autoestudio y del análisis externo ayuda a la identificación de fortalezas y areas de oportunidad. También ambos, finalmente, constituyen un juicio profesional con propósitos públicos y son la adecuada base de información que posibilita el real y auténtico mejoramiento.
Esta evaluación es ejercida en procesos secuenciales y simultáneos por los propios miembros de la institución y por el juicio de pares externos que, fuertemente interrelacionados, actúan de modo complementario. En ocasiones, son las opiniones externas las que originan procesos internos de evaluación; a veces, es a la inversa.
La acreditación se liga a variados aspectos de la vida institucional: sus funciones, su tarea o misión, sus propósitos, objetivos y metas, sus currícula y planes y programas de estudio, su organización administrativa y jurídica, su planificación, su gobierno y sus recursos. Debe apuntarse eso sí, preferentemente, a conocer con precisión lo que la entidad quiere hacer, midiendo con rigurosidad su voluntad y capacidad para ejecutarlo. Para ello la identificación de procesos de trabajo y de productos que puedan ser mensurables públicamente, la adopción de estándares de excelencia como referencia para medirse y la instalación de mecanismos de autorreflexión, son instrumentos que ayudan a su correcta aplicación.
En lo general, se entiende la acreditación como un proceso que integra tres fases distintas: el reconocimiento que permite a la institución iniciar sus actividades académicas; el seguimiento del desarrollo de su proyecto institucional durante un período de tiempo establecido por la ley o por mutuo acuerdo entre las partes, hasta alcanzar la plena autonomía y la posterior evaluación que acompaña de modo constante la vida institucional.
Se incluye como elemento significativo la recolección, sistematización, ordenamiento y difusión de la información que se genera en su aplicación como un bien de pública utilización para el adecuado comportamiento de cada institución y de su conjunto y que también posibilita la incorporación de la comunidad interesada en el proceso.